

Preescolar - Primaria - Secundaria
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Pintor: Tommaso Andrea Lorenzone
Descripción del Cuadro de:
María Auxiliadora
En la Basílica de María Auxiliadora de Turín, Italia, se encuentra el célebre Cuadro de la Virgen María Auxiliadora, mandado realizar por Don Bosco al pintor Tomás Andrés Lorenzone en 1865. Esta obra monumental, de siete metros de alto por cuatro de ancho, con un magnífico marco, no es solo una pieza artística, sino un verdadero programa espiritual: un proyecto de amor y gracia que invita a la humanidad a caminar en unidad bajo la mirada de María.
El cuadro tiene siete metros de alto y cuatro de ancho, con un magnífico marco.
La pintura se organiza en tres partes principales:
1. La Santísima Trinidad:
- El Padre está representado por un ojo, símbolo de su misericordia infinita que contempla la historia humana.
- Del Padre procede la potencia del Espíritu Santo, representado en forma de paloma.
- Del Ojo y de la Paloma surge una luz brillante que ilumina a la Virgen coronada de estrellas, evocando el misterio de la Anunciación.
2. María Auxiliadora:
- María aparece coronada de estrellas, llena de gracia por la benevolencia del Padre y la fuerza del Espíritu Santo.
- Su figura recuerda que ella es Madre permanente, destinada a engendrar a Cristo en cada persona.
3. El Hijo Salvador:
- En sus brazos, María sostiene y muestra al Niño Jesús, Salvador del mundo.
- Él es el signo visible de que toda misericordia y potencia divina se derraman en la Virgen para ser compartidas con la humanidad.
La Virgen sobresale en un mar de luz, sentada sobre un trono de nubes. Su cabeza está circundada por una corona de doce estrellas, mientras que en su frente brilla una corona real fulgente, signo de que es Reina del cielo y de la tierra. Preservada de toda mancha de culpa original y, al concluir su vida terrena, elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste, María Auxiliadora resplandece como Madre y Reina (cf. Ad Caeli Reginam, Pío XII).
En su mano derecha sostiene el Cetro Real, símbolo de su poder de intercesión y de su constante solicitud por la vida de la Iglesia. Detrás de ella se abre un cielo luminoso, donde el coro de los ángeles nos recuerda la Resurrección y la Asunción.
Los colaboradores de Cristo
En la parte inferior del cuadro contemplamos a los quince principales colaboradores de Cristo en la fundación de la Iglesia. Ellos representan la continuidad de la misión confiada por Jesús y la comunión que sostiene a la Iglesia desde sus orígenes.
En la parte inferior del cuadro aparecen los doce Apóstoles, junto con San Pablo y los evangelistas Marcos y Lucas. Ellos se entregaron generosamente a su misión hasta el don total de sí mismos; en varios de ellos se muestran los símbolos del martirio, recordándonos que la Iglesia se edifica sobre la entrega y la fidelidad.
- San Pedro ofrece las llaves, signo del misterio petrino y de la potestad que Cristo le confió para guiar a la Iglesia.
- San Pablo sostiene una espada en su mano izquierda, mientras con la derecha señala a Jesús y a María, inseparables en la historia de la salvación. La espada evoca la fuerza de la Palabra de Dios, “más cortante que espada de doble filo”, capaz de penetrar en el corazón de cada persona y de cada cultura.
El mensaje eclesial de la Basílica
En un espacio más reducido, entre Pedro y Pablo, se representa el Santuario de Valdocco, lugar donde Don Bosco inició su obra, y al fondo se distingue el Santuario de Superga.
La Basílica de María Auxiliadora se convierte así en un centro popular de acción eclesial, animador de la devoción a María Auxiliadora y, sobre todo, en un signo del carisma salesiano: la evangelización y la promoción de la juventud.